Hace bastantes años, se llamaba portazgo al pago con derecho a cruzar ciertas puertas o límites entre territorios y peaje al dinero que había que pagar, para permitir circular por un camino. De esos pagos dinerarios, atrás ha quedado en la historia, donde en varios lugares de esta España, tras el pago, se aprovechaba en la venta para comer personas y animales y si el viaje era largo, no faltaban camastros para el descanso nocturno.
El partido socialista como anda siempre levantando piedras para hallar historias pasadas, ahora con su ministro Rubalcaba, quiere imponer un pago, a todo ente que circule por la red nacional y mediante una concesión de puntos, propone a los agentes de Tráfico de la Guardia Civil, que no dejen de cobrar ese canon a diestro y siniestro, no por la seguridad vial, sino por la caja de seguridad.
Estos puntos, como una patente de corso, pero sin barcos, solo falta que los motoristas de la Agrupación de Tráfico lleven en la antena de las motocicletas de pabellón, una bandera negra con dos tibias y una calavera. Toda una piratería encubierta por un Gobierno, bajo la patente de corso, disfrazada en la defensa vial. Como las antiguas Reales Ordenanzas de la Real Armada Española del Siglo XVIII, para amasar fortuna al servicio de la Corona. Igualico igualico, que el difunto de su agüelico.
Barbas tiene el Ministro y el Presidente. Ni Barbanegra lo hizo mejor, o el temible inglés Drake. Primero a esos marinos verdes, les recorta la soldada y parte de lo sustraído, les promete devolverles alguna dádiva al que sume más puntos atracando fragatas y jabeques lleno de brillos y tesoros con reales de vellón.
Como a la antigua usanza, bonificaciones de la Tesorería de Marina, según el pertrecho capturado; si es un bajel de guerra, por cada cañón de 12 libras, 1.200 reales de vellón, si es de menos de 12 libras, 800 reales. Por un prisionero, 200 reales.
Acojonados van los españoles en el mar de la carretera con tanto abordaje y artillería. A este paso, es mejor estar distanciado más lejos de un tiro de cañón o no salir de la costa y quedarse en puerto. Mucho menos si vemos una motocicleta con pabellón pirata del Barbanegra Rubalcaba. Habrá que salir avante y a toda vela con el trinquete y la mayor y si la carga molesta, se tira al grumete por la borda para ganar distancia, porque como te apresen, te dejan colgao en el palo mayor, sin espinas y más tieso que el palo mesana.
Nada diferenciaba a un pirata de un corsario, ambos de la misma profesión, solo que el corsario, autorizado a mangonear por la Corona, como intentan estos socialistas.
Y nada va a diferenciar a los componentes de la Agrupación de Tráfico de los piratas, porque el pago y la autorización para desmantelar faltriqueras ya lo ha rematado y constatado el Sir Henry Morgan Rubalcaba y el otro Barbaroja Zapatero. Solo queda esperar las órdenes de los alférezes y capitanes de navío, cuantos latigazos tocan en la cubierta, al que no cumpla el pillaje legal. Y a los que sean más contumaces a no usar la pluma, como castigo, se le saca el ojo y se le cercena un brazo y una pierna, para que lleven parche, gancho y pata palo el resto de sus días como escarmiento y nunca olviden su verdadera profesión. Piratas, corsarios o filibusteros, que más da. Si lo ordena Barbanegra, ese buitre de cabeza calva y al pájaro se le conoce por la cagada.
¡Infractor a la vista por la amura de estribor! ¡Avante y a toda vela! ¡Preparen cañones!
Y una botella de ron.




